25 de Julio del 2020 - 23:39pm

En unos minutos cumpliré 23 años y tengo una nostalgia un poco extraña. 

Pienso mucho en cuatro personas; la que era, la que soy, la que voy a ser y la que nunca seré.


La persona que era no solo incluye a la Andrea de hace un par de años o meses, hablo de la Andrea que era hace un segundo, hace un par de letras, la que se quedó atrás de esta coma, la que no regresará jamás. Cambio incontrolable e inexorablemente y esa es una idea que desde pequeña me inquieta bastante pero nunca había sido capaz ( y de hecho aún me siento incapaz) de desarrollar. La verdad innegable de que cambio a cada segundo, no solo mental sino físicamente, oxidandome sin parar, me hace saber el poco control que realmente tengo sobre mi vida. La única cosa que hago todo el día todos los días no importa quien sea o quien deje de ser, es estar más cerca de mi muerte.  No importa lo que piense o lo que haga, no podré nunca abandonar ese camino o redireccionar mi destino, voy a morirme, mañana, pasado, en 10, 20 o 50 años, Andrea va a morirse. Dejaré de existir, dejaré de ser un factor que modifique el día al día de los que me rodean, dejaré de sumar o restar posibilidades en las vidas ajenas y el espacio que ocupo con el cuerpo que habito, quedará disponible para alguien más. La materia que me compone seguirá aquí, pero ya no seré yo nunca más, formaré parte de todo como siempre lo he hecho, pero ahora no podré saberlo. 


Vivo en un presente infinito y a pesar de eso jamás he sido la misma, ni una sola vez, ni un sólo día. He sido educada por la Andrea del pasado; aleccionada por sus errores y guiada por sus memorias, elijo todos los días, muchas veces sin saber por qué. Supongo que nunca nos hemos conocido lo suficiente, por eso algunas decisiones tienen más sabor a orden que a libre albedrío.


La Andrea del futuro no podría decir que existe, pero dentro de mi línea temporal abarca un espacio que se hace cada vez más pequeño. Un día, empujada por mi pasado, consumiré hasta el ultimo segundo de la Andrea del futuro y no habrá presente ni futuro para mí.  Esa será mi muerte. 

Cuando ya no tenga futuro ni presente y el pasado no se hospede en mi cuerpo, el recuerdo de que existí será lo único que quede de mi. Y seré diferente en cada memoria, me habrán fragmentado, disgregado y reinventado en sus recuerdos sujetos a sus percepciones, cada vez más borrosos y cada día más cerca de extinguirse. Hasta que no haya nadie en el mundo que recuerde que alguna vez ocupé un cuerpo y que lo llamaban Andrea. 

La Andrea que nunca seré. No creo que se trate de una, creo que hay un millón de Andreas que pude haber sido de haber tomado una sola decisión diferente cada día de mi vida pero hay una en especial que sé que existe aunque yo no sea capaz de ver desde sus ojos nunca; la Andrea que siempre quise ser.  Sólo quisiera decirle: No sé si hubiera sido más feliz estando en tu lugar que lo que soy estando en el mío pero sí sé , que en este cuerpo y con estas memorias, nunca más volveré a desear ser tú. 

Esa es tu muerte.

Comentarios

  1. Que maravilloso pensamiento, bastante profundo, una bonita forma de expresar el momento en que el ser humano contempla su propia mortalidad, se abruma y termina por aceptarla, además de descifrar la ilusión de libertad

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Fue el primer escrito que hice después de muchos años de entumecimiento mental ! Que padre que lo hayas descifrado !

      Eliminar

Publicar un comentario

Cuéntame qué piensas.

Entradas populares de este blog

OFRENDA VIVA

Proverbios 29:15-17

DISCULPAS PÚBLICAS AL AMOR